Hoy que están cerradas las escuelas, quiero abordar un asunto que está de plena actualidad. Se trata de la jornada escolar. No pretendo aportar conocimientos científicos, ni grandes argumentos sobre este tema, tan solo propiciar el debate sobre el mismo.
He puesto una foto del Colegio Público García Quintana (de Valladolid), que tiene jornada continua desde hace años. (Fue tristemente famoso por albergar cuatro casos de cáncer infantil en torno al año 2000, posiblemente por las radiaciones de las antenas de telefonía móvil, situadas en los edificios de alrededor).
Personalmente, me ha tocado vivir el proceso de votación para la jornada continua en dos centros distintos, en uno no salió adelante, mientras que en el otro, si que ha resultado aprobada.
Hay que decir que la jornada tradicional (con ligeras variaciones) es de 10 a 13,30 y por la tarde de 15,30 a 17,00 horas. Los maestros suelen hacer la hora exclusiva y los claustros y reuniones, a mediodía o después de las cinco.
En la jornada continuada, se concentran todas sus horas lectivas en las primeras horas del día. Un ejemplo de horario podría ser de 9 de la mañana a 2 de la tarde, debiendo permanecer los maestros una o dos tardes en el centro.
No pretendo abrir la caja de los truenos, pero voy a intentar ser lo más neutral posible, pues ambas posturas son perfectamente loables y en una sociedad democrática, es interesante que se abra el debate de la jornada escolar que deben tener nuestros hijos, o nuestros alumnos.
En los años 80, la mayoría de institutos de Educación Secundaria tenían un horario partido, en el que los alumnos íbamos a clase mañana y tarde. Después, quizá provocado por el boom demográfico de muchas ciudades, se acordó que estos centros concentraran las horas lectivas en jornadas matinales y en otros casos por la tarde, con lo cual se aprovechaba mejor el espacio, pues las aulas se podían ocupar en dos turnos (yo hice tercero de BUP y COU en turno de tarde en el Mixto nº 9). En ese caso, el paso a la jornada continua fue prescriptivo y se aceptó sin más. Desde esos años, la práctica totalidad de los centros que dan clase de secundaria obligatoria (ESO) y bachillerato tienen jornada continua (o continuada). Se ha aceptado con normalidad y no se ha producido un rechazo social ante tal cambio.
El problema viene cuando se plantea que en los centros de Educación Infantil y Primaria, puedan tener también la jornada continua. Ha habido voces críticas como la de Mariano Fernández Enguita (Catedrático de Sociología de la Universidad de Salamanca), que cuestiona la eficacia de esta medida.
Hay varias investigaciones y estudios sobre las consecuencias de la implantación de la jornada continuada en los centros educativos. Entre las ventajas de esta jornada están que suele coincidir con el horario laboral de la mayoría de los padres, con lo cual es más fácil para acompañar a los niños a la entrada y la salida del centro. Otra ventaja es que satisface más a la mayoría de profesores que en muchos casos nos tenemos que desplazar desde otras localidades. También es una ventaja que se puedan agrupar todas las actividades extraescolares por la tarde, responsabilizándose los profesores de algunas de ellas. También se daría trabajo en esas horas a monitores y a profesores que están desempleados, que son muchos. Hay que tener en cuenta también, que en todos los colegios que se ha implantado, la respuesta ha sido positiva y no se ha querido volver atrás en prácticamente ninguno de los casos.
Pero los detractores de la jornada continua también tienen sólidos argumentos para rechazarla. Según muchos psicólogos, los niños en sus primeros años, no están preparados para pasarse cinco horas seguidas en un centro escolar, puede ser algo matador para ellos. Hay que tener en cuenta los índices de fatiga y la curva de rendimiento escolar, que nos indican que nuestros niños y niñas, prestan mayor atención y están más centrados en sus tareas a primeras horas de la mañana, luego con el cansancio, esa intensidad va disminuyendo. Muchos padres, por su situación personal o laboral, no pueden hacerse cargo de sus hijos por la tarde, por eso suelen rechazar este horario.
En la jornada continuada, se concentran todas sus horas lectivas en las primeras horas del día. Un ejemplo de horario podría ser de 9 de la mañana a 2 de la tarde, debiendo permanecer los maestros una o dos tardes en el centro.
No pretendo abrir la caja de los truenos, pero voy a intentar ser lo más neutral posible, pues ambas posturas son perfectamente loables y en una sociedad democrática, es interesante que se abra el debate de la jornada escolar que deben tener nuestros hijos, o nuestros alumnos.
En los años 80, la mayoría de institutos de Educación Secundaria tenían un horario partido, en el que los alumnos íbamos a clase mañana y tarde. Después, quizá provocado por el boom demográfico de muchas ciudades, se acordó que estos centros concentraran las horas lectivas en jornadas matinales y en otros casos por la tarde, con lo cual se aprovechaba mejor el espacio, pues las aulas se podían ocupar en dos turnos (yo hice tercero de BUP y COU en turno de tarde en el Mixto nº 9). En ese caso, el paso a la jornada continua fue prescriptivo y se aceptó sin más. Desde esos años, la práctica totalidad de los centros que dan clase de secundaria obligatoria (ESO) y bachillerato tienen jornada continua (o continuada). Se ha aceptado con normalidad y no se ha producido un rechazo social ante tal cambio.
El problema viene cuando se plantea que en los centros de Educación Infantil y Primaria, puedan tener también la jornada continua. Ha habido voces críticas como la de Mariano Fernández Enguita (Catedrático de Sociología de la Universidad de Salamanca), que cuestiona la eficacia de esta medida.
Hay varias investigaciones y estudios sobre las consecuencias de la implantación de la jornada continuada en los centros educativos. Entre las ventajas de esta jornada están que suele coincidir con el horario laboral de la mayoría de los padres, con lo cual es más fácil para acompañar a los niños a la entrada y la salida del centro. Otra ventaja es que satisface más a la mayoría de profesores que en muchos casos nos tenemos que desplazar desde otras localidades. También es una ventaja que se puedan agrupar todas las actividades extraescolares por la tarde, responsabilizándose los profesores de algunas de ellas. También se daría trabajo en esas horas a monitores y a profesores que están desempleados, que son muchos. Hay que tener en cuenta también, que en todos los colegios que se ha implantado, la respuesta ha sido positiva y no se ha querido volver atrás en prácticamente ninguno de los casos.
Pero los detractores de la jornada continua también tienen sólidos argumentos para rechazarla. Según muchos psicólogos, los niños en sus primeros años, no están preparados para pasarse cinco horas seguidas en un centro escolar, puede ser algo matador para ellos. Hay que tener en cuenta los índices de fatiga y la curva de rendimiento escolar, que nos indican que nuestros niños y niñas, prestan mayor atención y están más centrados en sus tareas a primeras horas de la mañana, luego con el cansancio, esa intensidad va disminuyendo. Muchos padres, por su situación personal o laboral, no pueden hacerse cargo de sus hijos por la tarde, por eso suelen rechazar este horario.
En Europa, Alemania, Dinamarca, Grecia e Italia, tienen esta jornada, aunque no son precisamente los países mejor clasificados en el informe PISA (que mide el nivel de conocimientos de los alumnos).
En muchas comunidades, la presión social ha hecho que se lleve a cabo, en virtud de la autonomía que tienen los centros para elegir el horario que encaje mejor con su alumnado, para lograr una educación de calidad, que es lo que pretendemos todos. Así por ejemplo, es un hecho en Andalucía, Extremadura, Castilla y León y recientemente en la Comunidad de Madrid, pero en otras comunidades como Aragón, Comunidad Valenciana o Murcia, aún no se ha implantado (rectifico sobre esta última al observar uno de los comentarios).
El proceso para llevarla a cabo viene recogido en una normativa específica, que suele consistir en la elaboración de un proyecto con la viabilidad del cambio de jornada, el diseño y la organización de las actividades extraescolares y el horario de los profesores. Después se somete a votación en el Claustro, más tarde deciden los padres, luego se vota en el consejo escolar (se requiere una mayoría de 2/3) y finalmente da el visto bueno la inspección y la dirección provincial correspondiente.
Creo que la jornada continua tampoco es la panacea, pues no va a solucionar de un plumazo todos los problemas de la educación, pero creo que es positivo que los miembros de cada comunidad educativa decidan democráticamente, en el marco de la legislación vigente, el tipo de jornada que mejor se adapte a las necesidades de su alumnado.
Natacha y Eva. Me han gustado vuestros comentarios porque son las opiniones de dos madres preocupadas por la educación de vuestros hijos.
ResponderEliminarMe parece buena la definición de "niños llave", para los niños que pasan muchas horas sólos en casa. Creo que eso es lo que deben evitar los padres. Se ha perdido el punto de referencia en las casas. Ojo, no quiero decir que necesariamente sea la madre, pero siempre es bueno que uno de los dos esté allí pendiente de sus hijos y les pregunte por ejemplo qué tal ha ido en la escuela y si han tenido algún problema. De no ser así, unos años después es más fácil que se produzcan situaciones como las que defino en el último post, dedicado al acoso escolar. Creo que la jornada continua se tiene que ir perfeccionando y sobre todo que las actividades extraescolares sean interesantes y motivadoras. Hay mucha tarea por hacer todavía. Os felicito porque me consta que sois excelentes madres y no dejáis a vuestros hijos "aparcados" como si de una moto se tratara. Besos. JM.
En Murcia el 94 por ciento de los centros educativos de Educación Infantil y Primaria, tiene jornada continua (o continuada).
ResponderEliminarTengo que dar mi enhorabuena a estas mujeres que se pueden permitir el lujo (porque yo hoy en día lo veo como tal) de dedicar todo su tiempo a sus hijos, como Natacha. Me parece que decir que los que no lo hacen son malos padres (por resumir) es estar equivocado del 3 al cuarto. No todo el mundo tiene la suerte de poder mantener una familia con el sueldo de un solo integrante y muchas veces es NECESARIO que trabajen los 2. No creo que estas familias tenga que privarse de tener descendencia. Me ha parecido un comentario muy desafortunado, lo siento
ResponderEliminarYo no lo dudaría. Tengo un niño de 2 años que entrará en el colegio el año que viene. Trabajo por la mañana y por la tarde y soy monitora infantil desde hace 6 años. Llevo el Aula Matinal en un colegio y varios talleres por la tarde. Por experiencia como monitora os puedo decir que estoy totalmente en desacuerdo con la jornada continua (me arriesgo a quedarme sin trabajo) pero mi conciencia no me deja decir lo contrario.
ResponderEliminarNi los padres, ni los maestros se pueden imaginar como llegan los niños a los talleres de por la tarde. La gran mayoría de los alumnos no pueden con su alma y ni contaros los del segundo ciclo de infantil (incluso llegan a dormirse en medio de la clase)
Solo proponeros una pregunta: Si ya para un adulto 5 horas en un mismo sitio es aburrido y cansado, imaginaos para un niño pequeño. Ya os digo, sobre todo los de infantil.
Yo me crié con la jornada partida y tengo muy buenos recuerdos. Por la mañana se impartían las asignatura más "duras" y por la tarde las más lúdicas (las tres marías: gimnasia, música y religión).
Yo creo que la jornada continua solo favorece a los adultos (docentes y padres) porque desde luego que a los alumnos, en mi humilde opinión, no.
Gracias por escucharme y ojalá siga adelante el borrador de jornada partida en Andalucía.