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EL DÍA DEL ENFERMO.

Hoy es el Día Mundial de las Personas Enfermas (según he visto en el calendario escolar de la editorial SM). Quiero dedicar estas líneas a los que están en hospitales recuperándose de enfermedades, o en su casa siguiendo un tratamiento.
Por suerte, yo estoy más sano que un roble, pero no me libro de algún resfriado o gripe de vez en cuando (voy a tocar madera por si acaso).
Creo que la salud es lo más importante que tenemos en la vida y cuando nos falla, eso repercute en todo lo demás. Parece que sólo valoramos lo necesaria que es la salud, cuando no la tenemos. Por eso es fundamental la prevención, cuidar la alimentación, la higiene y hacer ejercicio físico moderado, en función de las posibilidades de cada uno.
Es importante tener buen ánimo para superar las enfermedades. No es lo mismo afrontar una enfermedad grave con energía positiva, que hacerlo pensando en lo peor.
Por suerte, la medicina ha avanzado mucho y se ha conseguido encontrar vacuna para muchas enfermedades como la rubeola, la poliomelitis o para ciertos tipos de hepatitis. Estos progresos han hecho que ciertos tipos de cáncer se puedan curar, pues la investigación oncológica ha dado sus frutos. Aún no se ha encontrado vacuna para el SIDA, pero los tratamientos son muy eficaces. Han prolongado la esperanza de vida y se ha mejorado su calidad, pues prácticamente ya se puede considerar una enfermedad crónica.
Lo que hace falta es que todas las personas tengan acceso a los medicamentos y a los tratamientos médicos. Es vergonzoso que enfermedades como la malaria, el dengue, el tifus o la enfermedad del sueño no se hayan erradicado en muchos países del mundo, a pesar de que ya existen vacunas. Es porque a la industria farmacéutica no le interesa invertir para conseguir fármacos a bajo coste para esos países. La producción de medicamentos debe ser un servicio a la sociedad, no un negocio.
Es necesario que, desde las administraciones, se dediquen más fondos para la investigación médica y se dote a los municipios de las instalaciones adecuadas para atender los problemas de salud de la población.
Creo que la sanidad, junto con la educación, son dos buenos indicadores de la calidad de vida de un territorio.
Aquí, en Castilla y León, tenemos el SACYL, que da cobertura sanitaria a toda la población. (Conviene recordar que en España, el sistema sanitario de salud público es totalmente gratuito, pues lo cubre la Seguridad Social, con nuestros impuestos).
Hoy la prensa local (en la edición impresa de El Norte de Castilla) se anuncia un compromiso de la Junta de Castilla y León para mejorar las condiciones laborales del personal sanitario (35.000 personas), reduciendo la interinidad y subiendo el sueldo de los médicos. No es un problema local, ni nacional, sino de toda Europa: Hacen falta médicos. Por eso últimamente vienen tantos de América Latina y de otros países del mundo. Es curioso que la Facultad de Medicina de Valladolid (la más antigua de España), que recibía estudiantes de todo el país, actualmente sólo tenga una quinta parte del número de matrículas que hace 30 años.
En esta comunidad autónoma estamos por encima de la media, en gasto sanitario por habitante. Pero eso no quiere decir que todo funcione correctamente. Muchos centros de salud están saturados en las cuidades más grandes, también hay muchas carencias en el medio rural, hay largas lista de espera en los quirófanos, para las operaciones y faltan centros hospitalarios en algunas zonas (como Arenas de San Pedro, cuyos habitantes tienen que desplazarse a Ávila capital, o a Talavera de la Reina, en la provincia de Toledo).
Me solidarizo con las víctimas de negligencias médicas y con sus familiares. Ellos tienen derecho a que se esclarezcan las causas que han podido provocar, en su caso, los errores de los médicos. En principio, no creo que haya mala fe, en ninguna ocasión, por parte de los facultativos, pero cada caso es un mundo. Errores los cometemos todos, pero cuando está en juego la vida de una persona... Uff! Pienso que es un tema superdelicado y cualquier valoración ha de ser extemadamente cuidadosa.
Los enfermos son personas con nombres y apellidos. Tal vez nosotros nos veamos en cualquier momento en una situación semejante, o quizá nuestros padres, hijos, hermanos, vecinos o cualquier otra persona de nuestro entorno.
Por eso en este día, (y en todo el año) hemos de acordarnos de estas personas, que tienen problemas de salud y que necesitan de nuestro ánimo, de nuestro apoyo y de nuestra compañía, en estos momentos de dificultad. ¡Ánimo y a seguir adelante!

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