Hoy he viajado a tierras mañas, a pasar unas horas con mi hijo. Es algo que me colma enormemente, pues aunque he encontrado niebla y temperaturas bajísimas, la satisfacción de verlo, no se paga con dinero.
Quiero tratar hoy un tema que da para llenar muchas páginas del blog, pero creo que tendré que volver sobre él varias veces, pues es extenso y se puede ver desde muchos puntos de vista. Me gustaría escribir algo sobre el dinero.
Entiendo que cualquier relación dinero - felicidad es disparatada. Más bien se trata de dos términos antagónicos. Pero si nos preguntaran: ¿qué prefieres ser feliz o ser rico? Muchos dirían que con mucho dinero resulta más fácil ser feliz (craso error).
Vendrían a colación en este caso, varios cuentos clásicos como La gallina de los huevos de oro o La camisa del hombre feliz. El rey Midas, según la mitología griega convertía en oro todo lo que tocaba.
Considero que la felicidad tiene que ver más con lo sencillo, lo relacionado con los sentidos, con la salud o con el corazón.
Muchos juegos de azar, con premios multimillonarios, nos incitan a jugar dejándonos los cuartos para ver si nos toca "el gordo", "el cuponazo", "el pleno al quince" o "el Euromillón". La ludopatía hace que muchas personas se gasten en las máquinas tragaperras hasta lo que no tienen. Y es que el cine de Hollywood nos ha metido en la cabeza el mito del hombre que llega a un casino de Las Vegas y en poco tiempo se gana una fortuna.
No voy a contar la historia de la moneda, que empezó con el trueque y luego se fue transformando hasta llegar a la tarjeta de crédito.
Pero está claro que muchos de los mayores errores de la humanidad han estado asociados al dinero. El dinero siempre ha estado emparejado con el poder. La pela es la pela, dirían los catalanes.
Se mueve mucho dinero con obras de arte, antigüedades... La casa de subastas Sothersby se ingresa cada año millones de dólares. En internet proliferan las tiendas en las que se paga con tarjeta, por ejemplo en Ebay.com
El dinero llama al propio dinero, pues el que lo tiene en grandes cantidades puede invertir para generar más y más dinero. Hace que las personas que lo poseen tengan toda clase de lujos y privilegios y miren a los demás por encima del hombro.
Pero el dinero cubre a las personas de un falso barniz, de una apariencia en la que se esconden todas las miserias que tiene el ser humano.
Conocidos son los casos de corrupción en los que los políticos y empresarios han sellado una alianza. Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra. A través de la construcción (pública y privada) se han enriquecido muchos mandatarios. Pero la burbuja inmobiliaria está a punto de explotar.
Esto se ha generalizado, no sólo en Marbella, sino en todo el país. La cultura del pelotazo surgió en los años ochenta. Nos acordamos de Mario Conde. Decía una canción del programa La parodia nacional: "¿Dónde esconde la pasta Mario Conde? Se pregunta la gente y Conde no responde...".
Es la época en que surgen los "niños pijos", expresión equivalente a los "hijos de papá" de toda la vida (Pocholo, Borja Mari y compañía).
No menos conocido fue el Dioni, que se llevó la recaudación de un furgón de seguridad, se fugó a Brasil y se dedicó a vivir la vida hasta que le pillaron. Luego, tras cumplir condena, para seguir montado en el dolar, grabó un disco y se dedicó a vender su rocambolesca historia por las televisiones. Podemos hablar de una larguísima lista de personajes al estilo de Gil y Gil, que en paz descanse.
Adiós papá, consíguenos un poco de dinero más, decía una canción del grupo Los Ronaldos.
El entonces gobierno socialista acabó embadurnado por el fantasma de la corrupción y la imagen de González por los suelos. Recuérdese el caso de Roldán. Falseó su curriculum para ser nombrado director de la guardia civil y se llevó mucho dinero. Menos mal que no tiró de la manta. (...) Recuerdese el caso Filesa y otros asuntos turbios. En el otro bando, el PP tampoco se libró de acusaciones como en el caso Gescartera, pues hasta los obispos tenían acciones allí. Muchos agricultores les acusan ahora de quedarse con las ayudas por el cultivo del lino.
En nuestra España, la degradación social ha hecho que por dinero, cualquiera vende su alma al diablo.
Y es que, en los últimos años, surgen los "frikis", que son famosetes que se han hecho de oro sacando a la luz los trapos sucios de sus jefes: los artistas del cine o la televisión, o contando pormenorizadamente sus relaciones con otros famosos. Han ido dando un espectáculo deplorable, al que han sucumbido todas las cadenas de televisión, pues sigue dando de comer a muchos periodistas. Hemos copiado de los británicos y la prensa rosa se ha transformado en amarilla, es decir en sensacionalista.
Vivimos en la sociedad del despilfarro en el que se nos incita continuamente a gastar y gastar. El dinero que ganamos hoy, ya lo tenemos gastado incluso antes de cobrarlo, pues los intereses de las hipotecas no han dejado de subir. El modelo de familia numerosa, con piso en el centro de una ciudad y chalet en la playa o en la sierra, es poco menos que ciencia ficción.
Los jóvenes de hoy tienen muchas dificultades para acceder al mundo laboral y para conseguir una vivienda, ni te cuento.
(Sigo mañana)
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