Tal vez eche un vistazo a mi infancia, no sé. Prefiero imaginar una escuela distinta de la que existe. Un centro educativo en el que la palabra fracasar no se encuentre ni en los diccionarios. Que no se ofenda nadie, pues lo que escribo hoy está extraido de mis sueños. Cualquier parecido con la realidad es mera casualidad.
El colegio de Villabollos del Valle, al igual que el de Velilla de Villabellotas (queda un poco chillón tanta "ll") es un sitio peculiar. Allí los padres, e incluso los abuelos, cuentan sus historias y de vez en cuando, dan clase y los maestros, a veces también tienen que ejercer de alumnos. En fin, que todos aprendemos sin darnos cuenta.
El colegio de Villabollos del Valle, al igual que el de Velilla de Villabellotas (queda un poco chillón tanta "ll") es un sitio peculiar. Allí los padres, e incluso los abuelos, cuentan sus historias y de vez en cuando, dan clase y los maestros, a veces también tienen que ejercer de alumnos. En fin, que todos aprendemos sin darnos cuenta.
Uno de los tutores se llama Rubén Señanza y tiene varios chicos y chicas: Alba Añil, Carmelo Cotón, Pilar Dilla, Ramiro Latele, Pedro Medario, Pelipe Nalty, Víctor Nillo, Andrea Probado, Teresa Télite, Javier Toycerrado y Jesús Tomehasdado.
El sistema educativo va de maravilla, pues se ha prohibido poner notas por debajo de cinco. Eso pasa desde que el "fistro" de educación sale por la tele imitando a Chiquito de la Calzada: "Condemor...", "No te das cuen... ese peaso dexamen", con su política abierta y tolerante, los suspensos pasaron a mejor vida. Se han abolido los castigos, pues siempre hay razones para estudiar. Todos hacen lo que pueden y están muy motivados porque mediante actividades lúdicas aprenden sin darse cuenta. Juegan a ser mayores y a comprar y vender (con euros de pega y de verdad), a fabricarse sus propios productos y a construir su propia casa. Los niños arreglan los pinchazos de sus bicicletas o triciclos.
Los recreos duran horas, pues toda la enseñanza, si el tiempo acompaña, se hace en la calle. Hay un huerto en la escuela. Se participa en el proceso de remover la tierra, sembrar, ver germinar la simiente y recoger los frutos. Se estudian todos los fenómenos meteorológicos y otros menos lógicos.
Se utiliza la música para reforzar los aprendizajes, pues "la letra con flauta entra". Por eso aprenden las tablas con Enrique y Ana, o con Miliki. Los niños y niñas conocen todos los animales de la granja, desde la Gallina Caponata, Dartacán y los tres Mosqueperros, la abeja Maya, se montan en el burro de Sancho Panza, etc. Espinete da lecciones de higiene, pues siempre va repeinado y hecho un pincel, al igual que el erizo de Génesis (que es su primo). Aprenden las estaciones en un tren o montados en el barco "La leyenda del Pisuerga". Aprenden las frutas con Naranjito y Clementina y con los Fruitis.
Se vuelven a poner de moda las canicas y las chapas tuneadas, entre los juegos del recreo. Bueno, los que no son más altos que Torrebruno también juegan a baloncesto con canastos del Carrefour.
Se fomenta la creatividad y el arte. Se llenan de dibujos los cuadernos y la caligrafía es muy cuidada, pues los niños no sólo escriben con las manos, también con el corazón. Es obligatorio divertirse y pasarlo bien.
Con la ayuda de la bruja Avería, de Cantidubi Dubi Dubi y las recetas de Arguiñano, los niños se hacen su propia comida en el comedor escolar.
No hay problemas de convivencia desde que se aprobaron los campeonatos de buen comportamiento. Se fomenta el diálogo y el entendimiento. Los más mayores hacen debates y tratan de todos los temas, hasta del sexo de los ángeles. Los niños y niñas tienen espontaniedad y actuan desinhibidos en todas las actividades. Aprenden a hablar en público y a contar agudos chistes. También hay partidos culturales en los que se repasan los contenidos de las principales asignaturas: matracas, lengua con patatas, conocimiento del miedo, lengua internacional (esperanto)... Se aprende historia con dibujos animados: "Érase una vez un colegio triste y oscuro...".
Quieren implantar una nueva asignatura: Educación para la ironía (y para el buen sentido de humor). Lo que está claro es que en esta vida es importante reirse de uno mismo, de los problemas y tener una actitud abierta y sin complejos. ¿Por qué todo lo envolvemos de una burocracia ridícula?
¿Por qué el inspector siempre tiene que venir trajeado? ¿No podría acudir a los colegios en bermudas si hace buen tiempo? ¿o vestido de payaso en época de carnaval?
Ojalá el próximo sistema educativo se apruebe en un consejo escolar en el que haya representantes de los alumnos y tengan voz y voto. Pues eso, que la mejor manera de contar los cuentos es protagonizándolos.
Juanma. Es muy triste tu post. Ya sé que habrá personas que no irán más allá, que será un simple cuento... un simple sueño... Me ha producido tristeza una enorme tristeza por la historia y por el estado de ánimo en el que intuyo que te encuentras... ya lo venía barruntando desde hace días. Tal vez son idioteces mías, pero me preocupan los estados de ánimo.
ResponderEliminarDentro de tu cuento también debería haber alguien con quien pudieras hablar, si te encuentras mal.
Algunos estamos ahí.
Bueno, no me hagas mucho caso... a lo mejor estoy diciendo tonterías...
¿no?
Bueno, tú decides, los demás esperamos.
Un beso muy grande amigo.
Natacha.
Estoy contigo Nacho, aunque a veces nunca llegue ese presente. Juanma creo que lo bonito de un mundo imaginario, es eso, que sería perfecto, o más bien, como nos gustaría que fuese, donde no se debería tener problemas, ni nada que te impida vivir como deseas, sin hacer daño a nadie, eso es lo bonito de la imaginación, lo igualo con la perfección, si es que exite. Al igual que Natacha, puedes contar conmigo, si es lo que deseas, esta es la realidad. Eva Mª
ResponderEliminarOs agradezco vuestros mensajes de ánimo, pues creo que una persona que escribe diariamente tiene días malos y buenos, momentos de inspiración y otros que no lo son tanto. Unos con buen ánimo y otros con pocas ganas de contar cosas. De todas formas, lo curioso es que no me ha pasado nada malo, ni he tenido ninguna enfermedad, ni me ha ocurrido ninguna desgracia reciente, ni ningún desengaño amoroso ni nada parecido, pero la vida es así. Por suerte hoy veo las cosas mucho mejor que ayer y quizá peor que mañana. De todas formas, creo que soy demasiado transparente y me he dado cuenta de que si un día estoy de bajón y escribo algo, os enteráis seguro, aunque trate de disimularlo. Besos, Juanma.
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