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VIVIR MEJOR CON MENOS

He tomado prestado el título de este post, de un interesantísimo libro de Daniel Wagman que se editó hace diez años. Ese es el tema que quiero tratar hoy, pues cada vez parece que necesitamos más cosas para vivir: coche, internet, dvd, microondas, móvil, consola, etc. (Capitalismo 100 %)
La verdad es que reconozco que no puedo predicar con el ejemplo porque estoy inmerso en esta sociedad de consumo al igual que todo hijo de vecino. Pero (aunque necesito el coche para ir a trabajar) intento tener una filosofía de vida de bajo consumo, de gastar lo justo, tiendo a reducir gastos, a pasar mucho de las modas o a ser respetuoso con el medio ambiente (la teoría de las
6 erres debería ser para todos nosotros el ABC del consumo). Al menos en eso educo a mis alumnos. Creo que mi amigos Sonia, Santi, Nacho y otras personas que conozco también están en esa onda.
La publicidad es un derroche de imaginación en la que parece que todo vale con tal de vender un producto (pues a veces se utiliza a las personas como hombres o mujeres objeto). Me gusta ver los anuncios de vez en cuando porque en unos pocos segundos se concentra mucha información. La verdad es que los publicistas se lo curran para llamar la atención de los consumidores. Pero ante el ingenio de la publicidad, está la aserción y inteligencia de los ciudadanos para poder prescindir de la mayor parte de los productos basura que nos quieren hacer creer que son increíbles y maravillosos. Parece que todo el mundo tiene que vivir en "acosados", tener familia meganumerosa (y megapija), lucir las marcas más "fashion", conducir un 4x4, comprar en el super, apuntarse a un gimnasio (aunque nunca lo lleguemos a pisar), beber refrescos de importación y tener lo último en moda, tecnología, decoración, etc (por no hablar de los productos dietéticos o de las operaciones de cirugía estética).
Actualmente proliferan como setas los centros comerciales, esos espacios pseudopúblicos en los que todo está pensado para que pases muchas horas de tu tiempo y te dejes hasta el último euro. Las multinacionales invierten en publicidad muchísimo dinero, mientras que la mayor parte de sus empleados trabajan en unas condiciones laborales inhumanas (incluso con mano de obra infantil como bien es sabido) y con sueldos de miseria. Los parques temáticos (nunca he pisado ninguno) son gigantescos espacios en los que la diversión está asegurada y el consumo desenfrenado también.
Me empalaga ese marketing machacón que se hace para promocionar una nueva película, que se estrena. Por suerte más allá de Hollywood también hay cine (¿qué decir del que se hace en la India o en China?). Las cadenas de televisión aburren con la presentación del disco del "triunfito" de turno. Pero también existen la literatura (de las bibliotecas) o el teatro. El deporte profesional es en sí todo un gigantesco anuncio publicitario.
Pero al margen de eso, creo que los seres humanos necesitamos bien poco para ser felices. Pues la mayoría necesidades que nos hemos creado no son realmente útiles. Yo de pequeño jugué mucho en la calle, con pocos juguetes, pero nunca me faltaron canicas, chapas, una pelota o una peonza y media docena de amigos con los que pasar las tardes en el descampado. Con las cosas más insignificantes los chavales de mi generación disfrutábamos. No teníamos consola ni ordenador. No había pelis de dvd, pero veíamos Ruy, el Pequeño Cid o El bosque de Tallac. La tele de nuestra familia era en blanco y negro, pero nuestros sueños eran en color.
Propongo un uso responsable y equilibrado de lo público (centros cívicos, parques, bibliotecas, préstamo de bicicletas, etc.), pues todos ya lo financiamos con nuestos impuestos. Tenemos el gran reto de educar a nuestros hijos en unos valores alejados del consumo desenfrenado, en los que prime la compañía afectuosa hacia familiares y amigos, fomentando la amistad, la generosidad y el juego cooperativo.
Es interesante plantearse si todo lo que compramos lo necesitamos realmente, porque hay muchas personas que viven en la pobreza más absoluta mientras nosotros tenemos de todo.

Comentarios

  1. Eva. Creo que todos en mayor o en menor medida somos víctimas de este consumismo desmedido. Los que nos tratamos de oponer a eso parecemos bichos raros, como bien dices. Gracias por el comentario. JM.

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  2. De todas las "erres" me quedo con la de reducir. He llegado a la conclusión de que no existen las energias limpias; las placas solares y los molinas ocupan y contaminan el paisaje.

    Nacho

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  3. Hay mucha verdad en tus palabras, ciertamente creo que se puede vivir mejor con menos. Para ser felices en realidad no necesitamos demasiadas cosas, debería ser suficiente con tener buena salud, un trabajo que nos permita llevar una vida medianamente cómoda, y personas a las que querer y que nos quieran. Lo demás son aditivos, como los colorantes que se echan a la comida para que parezca más apetecible pero que en realidad no cambian su capacidad nutritiva. Además, si en nuestro interior nos sintiéramos plenos, no sería necesario buscar la felicidad en cosas externas, y nos conformaríamos con mucho menos. Pero creo que hoy en día, con el ritmo de vida que la mayoría de la gente lleva, no queda demasiado tiempo para detenerse y mirar en nuestro interior, para comprender qué es lo que realmente necesitamos para ser felices. Y no se puede hallar respuesta, si primero no nos hacemos la pregunta.

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  4. Silvia. Te agradezco el comentario. Has resumido perfectamente lo que es necesario en la vida: salud, trabajo y buena compañía. Creo que muchos de los gastos que tenemos son superfluos (aditivos como bien dices) y para nada nos hacen felices, más bien todo lo contrario. JM.

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