Hace unos días anunció su retirada de la política Ángel Acebes. Al margen de los aciertos y errores de su carrera política, pasará a la historia por ser el ministro del interior que nos aseguró reiteradamente que ETA estaba detrás del terrible y sanguinario atentado del 11 – M (considero execrable cualquier tipo de violencia). Cuando se verificó que había sido una acción de terroristas islámicos, se nos quiso convencer de que hubo una conexión entre los terroristas vascos y Al Qaeda, pero la verdad es que nadie ha conseguido demostrarlo. Seguramente, después de su actividad pública, se dedicará a alguna actividad privada no menos lucrativa.
Lo que hoy quería comentar es que muchos políticos que dejan sus cargos y se dedican a actividades privadas, aprovechan sus conocimientos, su experiencia y su información confidencial para asesorar a empresas importantes, entidades bancarias, etc.
Me parece deplorable que un político utilice la información que tiene de los ciudadanos para enriquecerse y hacer que una empresa se aproveche de esa información.
Tony Blair, que abandonó la política en junio del pasado año aceptó asesorar al banco JP Morgan por un millón de dólares al año. El ex primer ministro británico compagina un cargo de enviado de Naciones Unidas en Oriente Próximo con el de asesor de esa importantísima entidad financiera norteamericana. Me pregunto si sus intereses económicos influirán en su enfoque del conflicto palestino israelí (pues no es una persona neutral ni muchísimo menos).
Pero este no es un caso aislado porque el antecesor de Tony Blair, John Major también fue consejero (entre 1998 y 2004) de la firma Carlyle, multinacional que se dedica a las inversiones financieras e inmobiliarias.
En Alemania, Gerhard Schoröeder preside desde 2005 el comité de accionistas de Nord Stream, empresa que se dedica a la exportación del gas natural ruso.
Nuestro ex presidente José María Aznar, a parte de dar charlas en la Universidad de Georgetown, figura como miembro del consejo de Administración de News International, en el órgano asesor del fondo de inversiones Centaurus Capital y en el consejo asesor latinoamericano de la firma estadounidense J. E. Robert.
Con Felipe González pasa tres cuartas partes de lo mismo, pues su caché le hace cobrar cifras millonarias por las conferencias que va dando por el mundo.
Del mismo modo ex ministros y ex altos cargos de la administración, trabajan como asesores de multinacionales y con actividades privadas que obtienen privilegiados dividendos como las que se refieren a la construcción (pública y privada).
Tal vez el dinero llama al propio dinero, o más bien el sistema capitalista necesita nutrirse de la información de los que han estado en el poder para seguir ejerciendo el poder sobre los ciudadanos, meros consumidores automatizados, que ni sienten ni padecen.
Yo no me fijo en un partido o en otro, parece ser que es una práctica generalizada utilizar el poder para enriquecerse (sea cual sea su signo político), aunque no dudo que haya personas honestas y limpias que hayan entrado en política simplemente para servir a los ciudadanos. Pero por lo que se ve, tras unos años al servicio de la sociedad, nuestros políticos no se dedican a obras benéficas, ni venden lo que tienen para dárselo a los pobres, ni para seguir a Jesucristo.
Pero yo me pregunto, ¿es moralmente adecuado que se utilice información confidencial del Estado o de los ciudadanos en beneficio propio o, en beneficio de empresas multinacionales?
Creo que la ley tendría que ser más contundente y limitar el desempeño de actividades privadas a las personas que han ocupado cargos en la Administración. No puede ser que personas que en teoría han recibido altos honorarios por ser representantes del pueblo se aprovechen de su influencia, su experiencia y su poder para seguir ganando más dinero. Es un insulto a los trabajadores y a las personas que pasan dificultades para llegar a fin de mes.
Lo que hoy quería comentar es que muchos políticos que dejan sus cargos y se dedican a actividades privadas, aprovechan sus conocimientos, su experiencia y su información confidencial para asesorar a empresas importantes, entidades bancarias, etc.
Me parece deplorable que un político utilice la información que tiene de los ciudadanos para enriquecerse y hacer que una empresa se aproveche de esa información.
Tony Blair, que abandonó la política en junio del pasado año aceptó asesorar al banco JP Morgan por un millón de dólares al año. El ex primer ministro británico compagina un cargo de enviado de Naciones Unidas en Oriente Próximo con el de asesor de esa importantísima entidad financiera norteamericana. Me pregunto si sus intereses económicos influirán en su enfoque del conflicto palestino israelí (pues no es una persona neutral ni muchísimo menos).
Pero este no es un caso aislado porque el antecesor de Tony Blair, John Major también fue consejero (entre 1998 y 2004) de la firma Carlyle, multinacional que se dedica a las inversiones financieras e inmobiliarias.
En Alemania, Gerhard Schoröeder preside desde 2005 el comité de accionistas de Nord Stream, empresa que se dedica a la exportación del gas natural ruso.
Nuestro ex presidente José María Aznar, a parte de dar charlas en la Universidad de Georgetown, figura como miembro del consejo de Administración de News International, en el órgano asesor del fondo de inversiones Centaurus Capital y en el consejo asesor latinoamericano de la firma estadounidense J. E. Robert.
Con Felipe González pasa tres cuartas partes de lo mismo, pues su caché le hace cobrar cifras millonarias por las conferencias que va dando por el mundo.
Del mismo modo ex ministros y ex altos cargos de la administración, trabajan como asesores de multinacionales y con actividades privadas que obtienen privilegiados dividendos como las que se refieren a la construcción (pública y privada).
Tal vez el dinero llama al propio dinero, o más bien el sistema capitalista necesita nutrirse de la información de los que han estado en el poder para seguir ejerciendo el poder sobre los ciudadanos, meros consumidores automatizados, que ni sienten ni padecen.
Yo no me fijo en un partido o en otro, parece ser que es una práctica generalizada utilizar el poder para enriquecerse (sea cual sea su signo político), aunque no dudo que haya personas honestas y limpias que hayan entrado en política simplemente para servir a los ciudadanos. Pero por lo que se ve, tras unos años al servicio de la sociedad, nuestros políticos no se dedican a obras benéficas, ni venden lo que tienen para dárselo a los pobres, ni para seguir a Jesucristo.
Pero yo me pregunto, ¿es moralmente adecuado que se utilice información confidencial del Estado o de los ciudadanos en beneficio propio o, en beneficio de empresas multinacionales?
Creo que la ley tendría que ser más contundente y limitar el desempeño de actividades privadas a las personas que han ocupado cargos en la Administración. No puede ser que personas que en teoría han recibido altos honorarios por ser representantes del pueblo se aprovechen de su influencia, su experiencia y su poder para seguir ganando más dinero. Es un insulto a los trabajadores y a las personas que pasan dificultades para llegar a fin de mes.
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