La religión católica ensalza la figura materna de la Virgen María y la pone como ejemplo de dedicación, sacrificio y generosidad. Pero en el terreno humano, siempre ha habido madres coraje que han cuidado y educado a sus hijos a pesar de las dificultades.
Creo que las madres de antes, la mayoría amas de casa, dedicaron todo su tiempo y sus energías en sacar adelante a sus hijos. Cuando las cosas no iban bien, ellas sabían administrar bien el dinero que se ganaba para cubrir las necesidades básicas de la familia. Yo valoro de la mía el cariño, los cuentos que me contaba, las palabras de ánimo, lo que me ha enseñado de la vida, sus comidas, su afición a la fotografía y todos los valores que me ha inculcado. Ella me ha apoyado en todos mis fracasos y siempre ha creído en mí.
Creo que las madres de antes, la mayoría amas de casa, dedicaron todo su tiempo y sus energías en sacar adelante a sus hijos. Cuando las cosas no iban bien, ellas sabían administrar bien el dinero que se ganaba para cubrir las necesidades básicas de la familia. Yo valoro de la mía el cariño, los cuentos que me contaba, las palabras de ánimo, lo que me ha enseñado de la vida, sus comidas, su afición a la fotografía y todos los valores que me ha inculcado. Ella me ha apoyado en todos mis fracasos y siempre ha creído en mí.
Es bueno que todas las personas nos demos cuenta de la importancia de la figura materna y paterna en nuestra vida. Ellos nos han dado la vida y es justo que cada día se lo reconozcamos y les devolvamos el cariño y el amor que de forma generosa nos han dado. De bien nacidos es ser agradecido.
En la sociedad del siglo XXI, la incorporación de la mujer al mundo laboral es un hecho y esto ha hecho que las madres lleven mucho peso y mucha presión al tratar de compaginar ambas tareas. Es importante que el marido y los hijos colaboren en la compra y en las tareas domésticas, para repartir entre todos el trabajo de una casa.
Hoy me quiero acordar de todas las madres de los países pobres, en esos lugares en los que la mujer se ve privada de libertad. Quiero recordar esas madres abnegadas que hacen lo imposible por dar de comer cada día a sus hijos. En esos sitios ser madre es una auténtica heroicidad por las dificultades que encuentran y por su papel secundario en la sociedad. Me acuerdo también de los niños huérfanos que no pueden disfrutar de ella. Esperemos los derechos humanos se extiendan por todo el mundo, desde Afganistán hasta China, o desde Bolivia hasta Mozambique, para que las madres puedan hacer su labor, pues junto con los padres son piezas clave en el cuidado y en la educación de los hijos.
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