La actualidad nacional no es más esperanzadora, pues después de algo más de dos meses, ETA ha vuelto a matar. Esta vez ha sido en la localidad alavesa de Legutiano, con una furgoneta bomba y sin previo aviso. La víctima ha sido Juan Manuel Piñuel, un hombre de 41 años de edad, natural de Melilla, casado, padre de un niño. Otra vida truncada, otra familia deshecha y otro hijo huérfano.
Quiero transmitir desde aquí mi condena más enérgica ante este hecho y mi solidaridad con la familia, amigos y compañeros de la persona fallecida. Durante los últimos cuarenta años, casi mil personas han resultado asesinadas y otras muchas han resultado heridas por la banda terrorista.
Las personas honradas y bien nacidas debemos vencer el miedo y salir a la calle para pedir justicia de forma pacífica y el fin de la violencia, pues en todo el país el pueblo grita: ¡Basta ya! Nunca nos acostumbraremos a la violencia, ni permaneceremos indiferentes ante noticias de este tipo.
Pido a los que aprietan el gatillo, a los que les informan y les dan apoyo logístico y a los que les apoyan políticamente, que se piensen si merece la pena causar tantos sufrimientos, tantas familias rotas... Que se piensen dos veces si compensa dejar a tantas personas heridas y mutiladas, si consiguen algo dejando a tantos niños huérfanos, sembrando el miedo, la destrucción y la muerte. Todo esto, ¿para qué?
No sé si aún está en cartelera, pero el mes pasado vi una película titulada “Todos estáis invitados”, con la fabulosa interpretación de Oscar Jaenada y Jose Coronado. En ella se refleja la presión infernal a la que se ven sometidos muchos ciudadanos en el País Vasco, por el simple hecho de no tener unas ideas nacionalistas o independentistas.
Entiendo que el nacionalismo excluyente es frecuentemente causa de conflictos. Es tan nocivo en pequeños territorios (como Euskadi o Catalunya) como de grandes naciones (por ejemplo los que entienden España como “una, grande y libre”) o extensos imperios. Yo no me siento identificado con unos ni con otros. Es bueno defender lo propio (nuestra gente, territorio, lengua materna y nuestras costumbres y tradiciones) en su justa medida y al mismo tiempo saber valorar lo positivo que tienen los demás, pues todos los pueblos tienen aspectos culturales dignos de ser conocidos y mantenidos en el tiempo.
Caminamos hacia un mundo sin fronteras, dentro de una Europa abierta y tolerante, (desde el Algarbe portugués hasta Siberia, o desde Turquía hasta Islandia), en el que ciudadanos de diferentes países estamos llamados a trabajar juntos y a convivir de forma pacífica.
Creo en el mestizaje cultural, en un mercado mundial justo, en el desarrollo sostenible, en la defensa de todas las lenguas, en la protección de los pueblos indígenas, potenciando el folclore y la gastronomía de las diferentes regiones, en el conocimiento de músicas y ritmos de otras latitudes, todo ello con plena libertad ideológica y religiosa.
Creo en un mundo de seres humanos que se respetan, que se entienden y que se ayudan. Pues todos tenemos derecho a vivir en paz y a intentar ser felices en nuestro pueblo y con nuestra gente.
Querido Juan, pase lo que pase no podemos perder la esperanza ( el único camino para alcanzar la paz. En cuanto a ETA, llevo mucho tiempo pensando en dedicar una entrada a esta organización criminal, espero que pueda hacerlo pronto.
ResponderEliminarZinar Ala
Zinar, Nacho e Inma. Os agradezco los comentarios que habéis escrito. Sintetizando vuestras palabras, creo que en el camino hacia la paz no hay que perder la esperanza. Ante los atentados de esta organización criminal no debemos responder con más violencia. Sí que es verdad que podemos hacer pequeñas obras con mucho amor. Al menos en mi blog trato de poner lo mejor de mi mismo, aunque algunas veces esté poco inspirado o reiterativo en algunos temas. Un abrazo a los tres. JM.
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