Hoy es el Día Internacional del Emigrante, pues la ONU lo estableció en el año 1990. Es interesante saber que uno de cada 35 habitantes de la Tierra se ha visto obligado a dejar su país de origen para buscar un futuro mejor.
Recordemos que en los años 30 y 40 muchos españoles, en su mayoría gallegos, andaluces (pero también muchos castellanos) emigraron a Argentina y a Uruguay. En los años 60, muchos se fueron a países europeos como Alemania o Suiza.
Ahora, al inicio del siglo XXI, España se ha convertido en un país receptor de inmigrantes. Una tierra de oportunidades para millones de personas.
Cada inmigrante tiene tras de sí una historia, a veces llena de miseria y desesperación, pero también vienen con la maleta cargada de sueños e ilusiones. Unos llegan en pateras, otros con visado de turista y otros en los bajos de un camión.
Pero muchas veces la tierra soñada no es precisamente el Edén. Pues muchos dejan la vida en el camino. Cada año, el Estrecho de Gibraltar se cobra cientos de vidas.
Desde que un inmigrante llega al país de acogida hasta que regulariza su situación, pasa una auténtica odisea, llena de zancadillas burocráticas (sin papeles no hay trabajo y sin trabajo no hay papeles). De esta situación, los demás ciudadanos a penas somos conscientes. Este proceso, hasta que consiguen legalizar su situación puede durar meses e incluso años. En ese tiempo el emigrante desesperado puede llegar a prostituirse para llegar a conseguir los papeles. Por eso hay tantos casos de matrimonios fraudulentos y de conveniencia. Muchas veces estas personas están en manos de determinadas mafias que trafican con seres humanos. También surge el desarraigo y una falta de referentes y de valores al no conseguir integrarse en la sociedad.
Desde posiciones de intolerancia, la sociedad a veces responde con casos de racismo y xenofobia que yo no comparto en absoluto.
El fenómeno de la inmigración ha propiciado la llegada de mano de obra barata (en sectores como la construcción y la agricultura) y de una economía sumergida que, en determinadas zonas ha supuesto un aumento espectacular de la población, especialmente en Cataluña, Levante y Andalucía.
Esto ha traído como consecuencia un aumento del alumnado en las escuelas y la masificación de los servicios públicos, especialmente la sanidad.
Me quedo con lo positivo de este fenómeno que, en cierta manera nos enriquece y puede propiciar un multiculturalismo que nos beneficia a todos, pues en la diversidad está la riqueza.
Yo he tenido alumnos de más de veinte nacionalidades distintas y, a pesar de ser de distintas razas, países, creencias… todos son personas y como tales tienen unos derechos y unas obligaciones. Ojalá que este fenómeno, nos haga entender que en el mundo hay mucha pobreza y nosotros somos unos privilegiados. Vivimos en una sociedad desarrollada del bienestar, que cuenta con abundantes servicios públicos (parques, bibliotecas…), con un sistema sanitario universal y una educación obligatoria y gratuita.
Hay mucho que reflexionar en torno a los inmigrantes, pues es un tema de plena actualidad y lo será en los próximos años. Desde la escuela hay que eliminar cualquier brote de prejuicios y por supuesto el racismo y la xenofobia no tienen cabida. Hay que facilitar la integración y propiciar un entendimiento y un enriquecimiento mutuo.
Recordemos que en los años 30 y 40 muchos españoles, en su mayoría gallegos, andaluces (pero también muchos castellanos) emigraron a Argentina y a Uruguay. En los años 60, muchos se fueron a países europeos como Alemania o Suiza.
Ahora, al inicio del siglo XXI, España se ha convertido en un país receptor de inmigrantes. Una tierra de oportunidades para millones de personas.
Cada inmigrante tiene tras de sí una historia, a veces llena de miseria y desesperación, pero también vienen con la maleta cargada de sueños e ilusiones. Unos llegan en pateras, otros con visado de turista y otros en los bajos de un camión.
Pero muchas veces la tierra soñada no es precisamente el Edén. Pues muchos dejan la vida en el camino. Cada año, el Estrecho de Gibraltar se cobra cientos de vidas.
Desde que un inmigrante llega al país de acogida hasta que regulariza su situación, pasa una auténtica odisea, llena de zancadillas burocráticas (sin papeles no hay trabajo y sin trabajo no hay papeles). De esta situación, los demás ciudadanos a penas somos conscientes. Este proceso, hasta que consiguen legalizar su situación puede durar meses e incluso años. En ese tiempo el emigrante desesperado puede llegar a prostituirse para llegar a conseguir los papeles. Por eso hay tantos casos de matrimonios fraudulentos y de conveniencia. Muchas veces estas personas están en manos de determinadas mafias que trafican con seres humanos. También surge el desarraigo y una falta de referentes y de valores al no conseguir integrarse en la sociedad.
Desde posiciones de intolerancia, la sociedad a veces responde con casos de racismo y xenofobia que yo no comparto en absoluto.
El fenómeno de la inmigración ha propiciado la llegada de mano de obra barata (en sectores como la construcción y la agricultura) y de una economía sumergida que, en determinadas zonas ha supuesto un aumento espectacular de la población, especialmente en Cataluña, Levante y Andalucía.
Esto ha traído como consecuencia un aumento del alumnado en las escuelas y la masificación de los servicios públicos, especialmente la sanidad.
Me quedo con lo positivo de este fenómeno que, en cierta manera nos enriquece y puede propiciar un multiculturalismo que nos beneficia a todos, pues en la diversidad está la riqueza.
Yo he tenido alumnos de más de veinte nacionalidades distintas y, a pesar de ser de distintas razas, países, creencias… todos son personas y como tales tienen unos derechos y unas obligaciones. Ojalá que este fenómeno, nos haga entender que en el mundo hay mucha pobreza y nosotros somos unos privilegiados. Vivimos en una sociedad desarrollada del bienestar, que cuenta con abundantes servicios públicos (parques, bibliotecas…), con un sistema sanitario universal y una educación obligatoria y gratuita.
Hay mucho que reflexionar en torno a los inmigrantes, pues es un tema de plena actualidad y lo será en los próximos años. Desde la escuela hay que eliminar cualquier brote de prejuicios y por supuesto el racismo y la xenofobia no tienen cabida. Hay que facilitar la integración y propiciar un entendimiento y un enriquecimiento mutuo.
El multiculturalismo es un enfoque teorico falso pues el problema es precisamente que son los propios inmigrantes los mas dispuestos a abandaoar su cultura y sustituirla por la cultura made in Usa del imperialismo actual
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