Sea cual sea el color del próximo gobierno, le daré mi apoyo y mi confianza, al menos durante los primeros cien días.
Al margen de la confrontación política, que ya aburre, hay otros temas, otra vida y otras preocupaciones.
Me inquieta mucho la situación de la educación de mi país, de mi ciudad y de mi gente. Creo que hay mucho que hacer para que la escuela sea un espacio en el que todos nos desarrollemos, maduremos y conozcamos y enriquezcamos nuestra cultura. Estamos lejos de encontrar en la educación el vehículo para ser personas, para aprender a convivir y para empezar a pensar y reflexionar sobre muchas cosas. Es inútil tratar de compararnos con otros países, pues el informe PISA puede resultar engañoso. Hay que tener en cuenta que muchos de los países nórdicos que lideran esa clasificación tienen una realidad social y económica muy distinta a la nuestra. Yo creo que en general esos países suelen tener un desarrollo muy avanzado, pero no tienen llegada masiva de inmigrantes de otras latitudes que tienen que aprender el idioma, ni suele haber masificación en las aulas. Así cualquiera avanza, aprende y desarrolla rápidamente la comprensión lectora y el cálculo.
Sinceramente, creo que hay muchas cosas por hacer pero no estamos tan lejos de nuestros vecinos finlandeses o suecos. En España, por suerte hay un sistema educativo en el que todos tienen cabida independientemente de su capacidad, motivación, nivel económico y procedencia. Hay una escuela pública universal y gratuita. No creo que los educadores españoles estemos peor preparados que los de otros países. Nuestra historia, nuestro arte y nuestro patrimonio rico y diverso bien merece que tenga personas que lo conozcan y que lo valoren y aprovechen.
Finalmente hoy 4 de marzo, quiero referirme brevemente a los símbolos franquistas que todavía hay en nuestras ciudades. No conozco a fondo la normativa de la Memoria Histórica que tanta polémica ha creado. Pero pienso que muchas ciudades siguen teniendo símbolos del Régimen Franquista.
No habría que hacer una abolición total de esos símbolos porque guste o no forman parte de nuestro pasado, pero sí habría que hacer una revisión histórica y sólo mantener aquellos que puedan resultar menos ofensivos.
Me refiero a esto porque el 4 de marzo de 1937 se fusionaron Falange Española y las Jons en un acto celebrado en el Teatro Calderón de la ciudad, razón por la que se nombra con la fecha a uno de los barrios de Valladolid. Me cuestiono si nombres de calles que se conservan actualmente como José Luis Arrese, Jesús Rivero Meneses, Leopoldo de Castro, Vicente Mortes, Julio Ruiz de Alda, Fernández Ladreda, General Solchaga o José Antonio Primo de Rivera se han de seguir manteniendo o no. Hay que tener en cuenta que en la Guerra Civil y en la dictadura murieron muchas personas con nombres y apellidos. Unos se autoproclamaron vencedores, pero en la contienda bélica y en la dictadura posterior, como casi siempre, perdimos todos.
Por suerte, ahora estamos en democracia y hay libertad para defender cada cual sus ideas y sus convicciones. Esperemos que aprendamos de nuestro pasado y nunca más se repitan esos episodios tan tristes de la historia española como la guerra o la dictadura.
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