A lo largo de toda la vida de una persona hay momentos de duda, de tener que elegir entre varios caminos, de quedarte con unas cosas y dejar atrás otras. Uno tiene que perder algo si quiere ganar. El que no arriesga no gana se suele decir.
Al elegir un camino aunque nos duela, renunciamos a otros muchos. Y en nuestra vida, los sentimientos, las emociones nos suelen confundir. Por eso es mejor tomar decisiones de forma racional y con la cabeza y no con el corazón. Lo ideal sería que lo que nos diga el corazón sea lo mismo que nos dicta nuestra razón, pero muchas veces no es así. Por eso a veces queremos a alguien con el corazón aunque pensando, meditando o razonando nos demos cuenta que no es beneficiosa esa relación o no podría prosperar. Creo que todas las personas en algún momento de la vida pasamos por esto.
Uno siempre recoge lo que siembra. Sea como sea, tampoco es un crimen equivocarse por querer demasiado. Ni es algo que tiene que pesar. Cuando lo das todo y no consigues lo que pretendes, no te tienes que hundir.
En los casos de duda, de indecisión también hay que hacer caso a la familia y a las amistades, que son los que mejor te conocen y los que nunca te fallan.
Quiero dedicar estas líneas a todos aquellos que sienten, que quieren, que se enamoran pero ven que no puede realizarse su sueño, a los no pasan su mejor momento. Yo también soy un soñador insatisfecho, un eterno perdedor, un enamorado de lo imposible. Pero yo ante todo eso no quiero ni puedo ser pesimista, pero soy de los que no se resignan a su suerte, pues lo que deseas con todas tus fuerzas al final de una u otra manera se cumple. El éxito y el fracaso son las orillas del mismo río, las dos caras de una misma moneda.
En la vida hay que tener sueños, utopías, metas, para que podamos hacer lo posible para conseguirlas. El éxito o el fracaso no siempre dependen de nosotros, pero pienso que si deseas algo de corazón, tienes que luchar por ello.
A todas esas personas que no consiguen lo que buscan, les digo que no se preocupen, pues siempre habrá momentos en la vida en que lo que nos dicte el corazón sea lo que nos aconseja la cabeza. No siempre nos saldrá cruz al lanzar la moneda, alguna vez llegaremos a la otra orilla en la que los sueños y los deseos se hacen realidad.
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