La vivienda y el sector de las telecomunicaciones son los dos que más quejas reciben. Pues quien estrena vivienda, bien sabe que muchas veces lo anunciado no se corresponde con la realidad (por ejemplo los materiales que se emplean a veces no son de primera calidad). En cuanto a las telecomunicaciones, hay muy buenas promociones de teléfonos con muchos servicios, líneas de Adsl con banda ancha, etc. Es muy fácil apuntarse, pero... si te quieres borrar, puedes pasar una auténtica Odisea. La verdad es que es una aventura cancelar un contrato con cualquier operador de telefonía móvil, pues a veces te borras de un servicio y te siguen pasando el recibo, o cosas así. Alguien dijo que lo prometido es deuda, pero en esto de la publicidad hay mucho engaño y mucha letra pequeña que, lejos de informar, tiende a confundir a los usuarios. Y es que el mundo de la publicidad y el márketing es un territorio minado en el que hay que caminar con tiento. Lo que se nos presenta como maravilloso y de primera calidad puede resultar peor que una baratija de segunda clase. Pues gangas y chollos los hay en el mercadillo de los domingos, en el bazar de los chinos y en los grandes almacenes. En sendos lugares hay que saber distinguir entre los artículos con cierto nivel de calidad y los productos basura. Ojo con los timos y con el mundo de la piratería y la falsificación. Me quedo con lo que anunciaba el director general de Camp (detergentes): "Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo".
En los servicios contratados hay que tener en cuenta que los folletos publicitarios también tienen valor contractual y lo que se anuncia sobre esas vacaciones maravillosas con todo incluido debe corresponderse con la realidad. En los restaurantes, más vale que no nos den gato por liebre. En las rebajas se ha de reducir el precio, pero nunca la calidad. Pues el buen servicio al cliente no se pone de oferta, ni al 3 X 2 (de Carrefour). En las tiendas de toda la vida, los precios suelen ser más altos pero el trato es más cercano y directo.
Desde la escuela, se ha de trabajar de muchas maneras. Conociendo el dinero y las diferentes formas de pago. Hay que hacerles distinguir entre los productos de primera necesidad (el pan, la carne, el azúcar, el aceite...) y los artículos de lujo (consolas, GPSs, móviles de última generación, etc). Se ha de inculcar a nuestros niños y niñas en un consumo responsable, evitando derroches y las compras compulsivas. El tema de la educación en el consumo es fundamental, pues todos necesitamos de productos para vivir, para nuestro ocio, para viajar, etc. Es importante que conozcamos nuestros derechos para poder ejercerlos.
Yo suelo mirar las etiquetas para ver la procedencia de los productos, procurando, en la medida de lo posible, comprar productos locales, mirando el precio para ver los que están de oferta y también suelo ojear la composición de ellos. Por ejemplo trato de evitar los transgénicos, aunque no están bien especificados. Dicen que son igual de seguros de los otros, pero yo desconfío. Espero que cualquier alteración genética se vea reflejada en la composición, como por ejemplo el almidón modificado de algunos tomates.
Me causó un poco de escalofrío un correo que me mandaron en el que se aseguraba que la leche que caduca en los almacenes, se vuelve a pasteurizar y se introduce nuevamente en el mercado y en la base del brick pone el número de veces que se ha tratado esa leche.
Conocidos son los casos de vacas locas (o encefalopatía espongiforme bovina) y su relación con la enfermedad de Creuzfeldt-Jakob cuyos síntomas son parecidos al Parkinson. El consumo de carne de ternera bajó mucho. La Gripe Aviar también causó estragos en Asia. Del mismo modo se han registrado casos de dioxinas en los pollos, peste equina y porcina, etc. No sabemos lo que nos metemos al cuerpo. Lo importante es que los consumidores estemos informados y que las administraciones pongan los medios adecuados para que no se produzcan epidemias y que su consumo no ponga en peligro la salud de los consumidores.
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