Hoy los telediarios han comentado que la consulta, (o referendum de autodeterminación) que el lehendakari Ibarretxe pretendía poner en marcha en los próximos meses, ha sido declarada ilegal por el Tribunal Constitucional. Entiendo que los ciudadanos de Euskadi son libres para expresar lo que sienten y expresar abiertamente si desean o no desvincularse de España (hay que recordar que el progreso y el avance económico de esa zona le debe mucho a andaluces, extremeños, castellanos y tantos otros ciudadanos que aportaron su mano de obra en esa sociedad). Tengo claro que la mayoría de estas personas comparten sus sentimientos de cariño hacia sus orígenes, junto con el legítimo derecho a sentirse vascos, dentro de una patria más grande llamada España. El resto de españoles también tendrán mucho que decir, si se plantea una secesión del país. En un estado democrático de derecho la ley ha de ser lo más sagrado y toda actuación fuera de la ley debe ser perseguida y penalizada.
Creo que denunciar al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo el caso vasco, está fuera de lugar. Entiendo que la autodeterminación de los pueblos no es un derecho básico, al menos no lo es tanto como el derecho a la vida, la educación, la sanidad, la vivienda, la libertad de expresión, etc.
Para mí (que me considero un ciudadano del mundo abierto y tolerante), los nacionalismos son una senda equivocada, pues es más constructivo unir que separar, más conveniente agruparse que caminar en solitario, pero ante todo es mejor es crear vida que destruirla en nombre de una bandera o un territorio. Las disputas territoriales son causa de buena parte de los conflictos mundiales del presente y del pasado más reciente: Georgia, Kosovo, Israel, etc. Por un puñado de votos, ¿merece la pena embarcarse en una guerra? (...) Tal vez la señora Sarah Palin, candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos piense que sí. Por suerte hay muchas personas que nunca han empuñado un arma, pero viven y trabajan en favor de la paz.
Entiendo que en la época que vivimos, la humanidad debe afrontar grandes retos como por ejemplo poner fin al hambre, frenar el calentamiento global, buscar remedio a enfermedades incurables como el cáncer, el sida o las que afectan al sistema nervioso como el Alzheimer, Parkinson o diversas discapacidades como el autismo.
Se pasan ciclos, épocas y creo que la historia al final pone a cada uno en el lugar que le corresponde. El tiempo es el mejor juez y su veredicto es incontestable.
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