A veces estamos tan cómodamente instalados en nuestros mundos con nuestras tecnologías y con nuestros gastos innecesarios. Nuestros problemas nos parecen muy graves, nos sentimos desgraciados, nos creemos víctimas de la mala suerte... Pero no nos damos cuenta que en el fondo no hay verdaderas razones para quejarnos. Tenemos en general buena salud, trabajo, algo de dinero, tenemos a personas que nos quieren, vivimos en un país desarrollado y aún nos quedan años por delante para vivir. ¿Qué más podemos pedir?
Tal vez debemos analizar la realidad con una visión diferente, con más optimismo, con agradecimiento por lo que tenemos y no tratar de codiciar ni ambicionar lo que no nos pertenece. Creo que cada uno tiene sus sueños y sus pesadillas; sus penas y sus alegrías; sus triunfos y sus decepciones, pero siempre debemos sacar nuestra mejor cara ante los demás. Tenemos que procurar compartir lo bueno con los otros, viviendo la vida con energía, con ganas de hacer nuevas cosas, con sentido del humor...
Aunque no tengamos buen día, es mejor regalar una sonrisa, un comentario amable o una palmadita en la espalda a nuestros semejantes, especialmente a familiares o amigos. Otras personas que tenemos a nuestro alrededor generalmente no las hemos elegido nosotros (compañeros de trabajo, vecinos, etc.) pero ya que están no vamos a despreciar sus buenas cualidades, pues seguro que las tienen. Todo es cuestión de saber apreciarlas y valorarlas. Juntos podemos hacer muchas cosas, pero si vamos por libre y tratamos de competir no seremos más que una gota en medio del océano. Hay que echarle una mano (y no precisamente al cuello) a nuestros semejantes, pues tal vez en otro momento de nuestra vida nosotros también la necesitemos. Hay que saber tender puentes de diálogo hacia las demás personas, pues los seres humanos, a pesar de los grandes tropiezos que hemos tenido a lo largo de la historia, estamos obligados a entendernos.
Aprendamos a ver las cosas con alma de niños, con inocencia, sin prejuzgar a nadie, sin odio, sin rencor o sin envidia. Si todos apreciáramos todo lo bueno que tenemos, creo que no habría tantos conflictos en el mundo.
También debemos agradecer todo lo que la vida nos ha prestado y que algún día nos quitará, pues el desenlace es inevitable. Hemos de valorar todo lo que tenemos porque otros tienen mucha peor suerte. Cada vez que pasamos un puente no estaría mal pensar que tal vez allí debajo han pasado la noche algunos mendigos. Eso nos hará reflexionar y ver la vida de otra manera.
Seguir siendo Peter Pan, sin duda así veremos los ojos de otra manera, de otro color.
ResponderEliminarPrecioso tu post.
Un saludo
Cuanta verdad comentas Juan Ma; hoy no disfrutamos de todo lo que la vida no ofrece.... siempre vamos con prisas y nunca nos paramos un instante para valorar las cosas que poseemos o las personas que tenemos a nuestro alrededor....
ResponderEliminarMuchos besos.Ana Barcelona
Silvia, Auxi y Ana. Agradezco vuestros comentarios. Creo que estamos todos de acuerdo en que debemos valorar mucho a las personas que tenemos a nuestro alrededor y no ambicionar muchas cosas materiales. Un saludo cordial a las tres. JM.
ResponderEliminar