Ahora que estamos en verano, quería hablar de esas personas que están en el otoño de la vida, pero que tienen mucha experiencia y muchos valores que aportar a la sociedad.
Me refiero a las personas mayores (o la mal llamada Tercera Edad), que constituyen un grupo muy heterogéneo de ciudadanos cuyo denominador común es que tienen más de 60 años y que ya no están desempeñando una actividad profesional.
Estas personas, que en la mayor parte de los casos han estado toda su vida trabajando o realizando tareas domésticas, cuidando a sus hijos (o tratando de compaginar todo lo anterior), se merecen descansar y recoger los frutos que durante tanto tiempo han ido sembrando.
Yo me considero afortunado porque he tenido la inmensa suerte de conocer a una tatarabuela, a cinco bisabuelos y a mis cuatro abuelos.
La etapa de la vida que se vive a partir de los 60 años es el último periodo vital del ser humano. La vejez es un hecho natural, propio de todos los seres vivos. Consiste en un declive de las funciones vitales, un desgaste de los tejidos corporales y una mayor vulnerabilidad frente a las enfermedades. Se pierde la mayor parte de la fuerza física. Se suelen dar problemas en los huesos y en las articulaciones (artrosis, artritis reumatoide, osteoporosis…), en la percepción sensorial (especialmente en la vista y el oído), pérdida de defensas, hipertensión, trombosis, incontinencia urinaria, vértigos y otros problemas relacionados con la salud. Las operaciones de cataratas o de implante de una prótesis en la cadera son muy habituales en las personas mayores. La avanzada edad puede favorecer la aparición de tumores y ciertos tipos de cáncer (como el de próstata). También es posible que se desarrollen enfermedades relacionadas con el sistema nervioso, como el Parkinson o la Demencia de Alzheimer (aún son incurables), que pueden llegar a mermar su calidad de vida y las de las personas que los cuidan.
El que tiene la suerte de llegar a viejo, ha conocido a muchas personas (algunas se han ido quedando en el camino), ha acumulado una gran experiencia en su campo laboral, ha sido testigo de muchos acontecimientos, ha visto pasar a muchas generaciones, ha contemplado los cambios en su ciudad, ha visto la evolución del país y de la sociedad durante varias décadas.
La gerontología es la rama asistencial y sanitaria que se ocupa de estas personas. Se han mejorado las condiciones de las residencias de ancianos (públicas y privadas), aunque en los medios de comunicación aún dan informaciones relacionadas con un trato inhumano en ciertos centros geriátricos. Me parece penoso que el tema de la asistencia a los ancianos llegue a ser algo lucrativo o que haya personas tan insensibles que sean capaces de aprovecharse de ellos.
Los Centros de Día también se ocupan de atenderlos de una manera temporal. La administración debe garantizar que las personas mayores tengan la mejor atención y reciban unos servicios de calidad en estos centros asistenciales.
El hecho de tener a algún familiar en una Residencia de la 3ª Edad no nos exime de preocuparnos por él, sino que por el contrario debemos visitarlo con frecuencia, mostrarle con creces nuestro cariño, mantener una constante y fluida comunicación e interesarnos por todo lo relacionado con su vida y su salud.
Muchos ancianos se ven obligados a vivir solos y llega un momento en que la ayuda se hace casi imprescindible. El servicio de Teleasistencia sirve para que la persona esté conectada con un centro asistencial con solo pulsar un botón. De esa manera se cubren gran cantidad de urgencias, accidentes domésticos, caídas, etc. Los servicios sociales han avanzado mucho en ese terreno (la nueva Ley de Dependencia ha servido de acicate para que se tomen más medidas), aunque los países nórdicos aún nos llevan ventaja. Por suerte nuestro sistema sanitario da cobertura a todos los problemas de salud de las personas mayores y existe una gratuidad de medicamentos.
La Seguridad Social garantiza que las personas que han cotizado (durante al menos 14 años) tengan unas pensiones dignas. El caso de las pensiones más bajas (de viudedad y no contributivas) es harina de otro costal, pues una persona que cobra menos de 400 euros al mes difícilmente pueden cubrir sus necesidades básicas.
El tema del ocio y el tiempo libre es algo muy importante en esta etapa, pues es necesario que las personas jubiladas tengan una gran variedad de actividades para hacer. Forman parte de esa oferta de servicios, los viajes del INSERSO o del Club de los 60 (de la Junta de Castilla y León o de otras administraciones).
El hecho de envejecer no significa que ya no seamos útiles, ni que no podemos seguir aprendiendo. Al contrario de lo que se piensa, en estos años se pueden hacer muchas cosas y debido a la gran cantidad de tiempo libre de que se dispone, es posible realizar muchos de los proyectos que han ido quedando pendientes. Los grandes avances en la medicina hacen que el tiempo vital que aún tenemos tras la jubilación pueda ser muy extenso y es conveniente sacarle el mayor partido.
En muchos clubs de jubilados que hay en casi todos los municipios, estas personas se reúnen para hablar, jugar a las cartas, al dominó, etc. Pero también hay otra variedad de actividades que pueden hacer como cantar con karaoke, bailar, leer, aprender informática (usar el teléfono móvil, conectarse a internet, utilizar el correo electrónico e incluso elaborar un blog…). Ya lo cuenta el dicho: renovarse o morir.
Aunque esta etapa la soledad en muchos casos sea la única compañera de viaje, creo que no hay que encerrarse en casa. Es digno de tener en cuenta las ganas de vivir y de disfrutar que tiene la gente. La vejez no está en las arrugas sino en la mentalidad de la persona, pues hay jóvenes que viven, sienten y piensan como ancianos y hay personas mayores que tienen un espíritu joven.
Hay muchas personas de 60, 70, 80 o más años que tienen achaques, problemas de salud, etc., pero el ánimo y el sentido del humor lo tienen intactos y quieren y pueden hacer muchas cosas, pues la vida no se acaba cuando te dan la jubilación, sino que el camino sigue.
Quiero dedicar esto a mis padres y a mis abuelos, que me han enseñado tanto. Espero que las nuevas generaciones sepan valorar a los ancianos, los "viejos", las personas mayores o como queramos de forma respetuosa llamarlos, pues ellos nos pueden aportar su valiosa experiencia, su sabiduría, sus consejos y su visión particular del mundo. Se debería tener más en cuenta su opinión y sus conocimientos en la escuela, en los medios de comunicación y favorecer sus aportaciones a la cultura y a la sociedad.
Ahora debemos darles todo el cariño y la atención que se merecen, pues algún día tal vez nosotros lleguemos a esta edad y nos gustaría que nuestros hijos o nuestros nietos nos trataran de la misma manera.
Me refiero a las personas mayores (o la mal llamada Tercera Edad), que constituyen un grupo muy heterogéneo de ciudadanos cuyo denominador común es que tienen más de 60 años y que ya no están desempeñando una actividad profesional.
Estas personas, que en la mayor parte de los casos han estado toda su vida trabajando o realizando tareas domésticas, cuidando a sus hijos (o tratando de compaginar todo lo anterior), se merecen descansar y recoger los frutos que durante tanto tiempo han ido sembrando.
Yo me considero afortunado porque he tenido la inmensa suerte de conocer a una tatarabuela, a cinco bisabuelos y a mis cuatro abuelos.

La etapa de la vida que se vive a partir de los 60 años es el último periodo vital del ser humano. La vejez es un hecho natural, propio de todos los seres vivos. Consiste en un declive de las funciones vitales, un desgaste de los tejidos corporales y una mayor vulnerabilidad frente a las enfermedades. Se pierde la mayor parte de la fuerza física. Se suelen dar problemas en los huesos y en las articulaciones (artrosis, artritis reumatoide, osteoporosis…), en la percepción sensorial (especialmente en la vista y el oído), pérdida de defensas, hipertensión, trombosis, incontinencia urinaria, vértigos y otros problemas relacionados con la salud. Las operaciones de cataratas o de implante de una prótesis en la cadera son muy habituales en las personas mayores. La avanzada edad puede favorecer la aparición de tumores y ciertos tipos de cáncer (como el de próstata). También es posible que se desarrollen enfermedades relacionadas con el sistema nervioso, como el Parkinson o la Demencia de Alzheimer (aún son incurables), que pueden llegar a mermar su calidad de vida y las de las personas que los cuidan.

El que tiene la suerte de llegar a viejo, ha conocido a muchas personas (algunas se han ido quedando en el camino), ha acumulado una gran experiencia en su campo laboral, ha sido testigo de muchos acontecimientos, ha visto pasar a muchas generaciones, ha contemplado los cambios en su ciudad, ha visto la evolución del país y de la sociedad durante varias décadas.
La gerontología es la rama asistencial y sanitaria que se ocupa de estas personas. Se han mejorado las condiciones de las residencias de ancianos (públicas y privadas), aunque en los medios de comunicación aún dan informaciones relacionadas con un trato inhumano en ciertos centros geriátricos. Me parece penoso que el tema de la asistencia a los ancianos llegue a ser algo lucrativo o que haya personas tan insensibles que sean capaces de aprovecharse de ellos.
Los Centros de Día también se ocupan de atenderlos de una manera temporal. La administración debe garantizar que las personas mayores tengan la mejor atención y reciban unos servicios de calidad en estos centros asistenciales.
El hecho de tener a algún familiar en una Residencia de la 3ª Edad no nos exime de preocuparnos por él, sino que por el contrario debemos visitarlo con frecuencia, mostrarle con creces nuestro cariño, mantener una constante y fluida comunicación e interesarnos por todo lo relacionado con su vida y su salud.
Muchos ancianos se ven obligados a vivir solos y llega un momento en que la ayuda se hace casi imprescindible. El servicio de Teleasistencia sirve para que la persona esté conectada con un centro asistencial con solo pulsar un botón. De esa manera se cubren gran cantidad de urgencias, accidentes domésticos, caídas, etc. Los servicios sociales han avanzado mucho en ese terreno (la nueva Ley de Dependencia ha servido de acicate para que se tomen más medidas), aunque los países nórdicos aún nos llevan ventaja. Por suerte nuestro sistema sanitario da cobertura a todos los problemas de salud de las personas mayores y existe una gratuidad de medicamentos.
La Seguridad Social garantiza que las personas que han cotizado (durante al menos 14 años) tengan unas pensiones dignas. El caso de las pensiones más bajas (de viudedad y no contributivas) es harina de otro costal, pues una persona que cobra menos de 400 euros al mes difícilmente pueden cubrir sus necesidades básicas.
El tema del ocio y el tiempo libre es algo muy importante en esta etapa, pues es necesario que las personas jubiladas tengan una gran variedad de actividades para hacer. Forman parte de esa oferta de servicios, los viajes del INSERSO o del Club de los 60 (de la Junta de Castilla y León o de otras administraciones).
El hecho de envejecer no significa que ya no seamos útiles, ni que no podemos seguir aprendiendo. Al contrario de lo que se piensa, en estos años se pueden hacer muchas cosas y debido a la gran cantidad de tiempo libre de que se dispone, es posible realizar muchos de los proyectos que han ido quedando pendientes. Los grandes avances en la medicina hacen que el tiempo vital que aún tenemos tras la jubilación pueda ser muy extenso y es conveniente sacarle el mayor partido.
En muchos clubs de jubilados que hay en casi todos los municipios, estas personas se reúnen para hablar, jugar a las cartas, al dominó, etc. Pero también hay otra variedad de actividades que pueden hacer como cantar con karaoke, bailar, leer, aprender informática (usar el teléfono móvil, conectarse a internet, utilizar el correo electrónico e incluso elaborar un blog…). Ya lo cuenta el dicho: renovarse o morir.
Aunque esta etapa la soledad en muchos casos sea la única compañera de viaje, creo que no hay que encerrarse en casa. Es digno de tener en cuenta las ganas de vivir y de disfrutar que tiene la gente. La vejez no está en las arrugas sino en la mentalidad de la persona, pues hay jóvenes que viven, sienten y piensan como ancianos y hay personas mayores que tienen un espíritu joven.
Hay muchas personas de 60, 70, 80 o más años que tienen achaques, problemas de salud, etc., pero el ánimo y el sentido del humor lo tienen intactos y quieren y pueden hacer muchas cosas, pues la vida no se acaba cuando te dan la jubilación, sino que el camino sigue.
Quiero dedicar esto a mis padres y a mis abuelos, que me han enseñado tanto. Espero que las nuevas generaciones sepan valorar a los ancianos, los "viejos", las personas mayores o como queramos de forma respetuosa llamarlos, pues ellos nos pueden aportar su valiosa experiencia, su sabiduría, sus consejos y su visión particular del mundo. Se debería tener más en cuenta su opinión y sus conocimientos en la escuela, en los medios de comunicación y favorecer sus aportaciones a la cultura y a la sociedad.
Ahora debemos darles todo el cariño y la atención que se merecen, pues algún día tal vez nosotros lleguemos a esta edad y nos gustaría que nuestros hijos o nuestros nietos nos trataran de la misma manera.
Genial, hay poco temas que traten temas sociales de forma tan sensible, es un placer poder leerte.
ResponderEliminarPor cirto gracias por tu felicitación de cumpleaños y felicidaes a ti por tu santo.
un saludo