A las personas
siempre hay algo que nos mueve para trabajar, para soñar, para tratar de ser
felices y para vivir.
Ante los fracasos
que tenemos en cualquier momento de nuestra existencia, ante los momentos
desafortunados, ante la adversidad, ante las situaciones conflictivas, ante el
paro, ante las injusticias, siempre hay un lugar para el optimismo y para
pensar que se dará la vuelta a la tortilla y que pronto la suerte cambiará.
Apliquemos en nuestra vida refranes como: “A mal tiempo buena cara” o “No hay
mal que cien años dure”.
No debemos pensar que somos la oveja negra,
ni que han tramado un complot contra nosotros... Tan solo hay que abrir un poco más los
ojos, ver las situaciones desde arriba (de forma cósmica) con un poco más de
objetividad y mentalizarnos de que la vida es un vaivén, que se compone de
momentos malos y buenos y que después de las rachas negativas siempre vendrán
otras más positivas.
Según la escritora Isabel Allende hay que
tener memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no
arruinar el presente, y optimismo desafiante para encarar el futuro.
Las personas tienen que reunirse, dialogar,
intercambiar experiencias... En las etapas malas es cuando las cosas que no
se pueden comprar (porque no se venden) adquieren el mayor valor, es cuando las
familias se han de unir más, es cuando se ven los verdaderos amigos, es cuando
se pone a prueba el amor de las parejas. Tal vez en ese tiempo
nos vence la enfermedad, la tristeza o la desesperación. En esos momentos en
los que nos cuesta más sonreír, es cuando debemos valorar más de forma
agradecida el gesto amable que nos hacen, cuando debemos coger la mano que nos
tienden, cuando tenemos que valorar las caricias, la comprensión o las palabras
sinceras de nuestro hermano, de nuestro mejor amigo o de nuestra pareja. Cuando
es otro el que nos necesita, siempre habrá que hacer un pequeño esfuerzo para
estar ahí, para escuchar, ayudar en lo posible, transmitir una sonrisa
cómplice, o dar ánimos, ya sea en persona, por teléfono, por mail o por “WhatsApp”
Pase lo que pase,
sabemos que el sol va a seguir saliendo cada mañana, la Tierra va a seguir
girando, nuestro corazón va seguir latiendo y nadie nos va a impedir tener
sueños, metas e ilusiones. No hay que esperar a que las hojas de nuestro
calendario vital se agoten, sino que debemos vivir con intensidad cada etapa.
Día a día, minuto a minuto, hay que seguir poniendo pasión y fuerza positiva
para lograr lo que deseamos y colaborar, en la medida de lo posible, en que
también puedan obtener felicidad las personas que tenemos a nuestro alrededor.

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