Me imagino que es como una oposición a la que te preparas concienzudamente y dedicas a ella todo tu tiempo y tu esfuerzo, pero al final no consigues el objetivo de aprobar. Caes en la cuenta que la competencia es muy grande y entonces eres consciente de la verdadera dificultad del empeño, pero eso no quiere decir que no hay que dejar de intentarlo, pues tarde o temprano el que la sigue la consigue.
El mero hecho de acudir a una cita olímpica, ya de por sí es un triunfo, que no todos pueden contar. Por ejemplo Maite Martínez (la excepcional mediofondista vallisoletana) no pudo acudir a Pekín por una lesión. Tengo presentes a deportistas como Isabel Fernández, Marta Domínguez, Paquillo Fernández y tantos otros que tenían muchas esperanzas en conseguir la gloria olímpica, pero la mala suerte les ha privado de tal honor. No pasa nada, hay otras muchas cosas en la vida por las que merece la pena luchar y a veces no hace falta esperar cuatro años para conseguirlas.
Lo bueno es que la vida ofrece muchas oportunidades y hay que saber aprovecharlas. Además esto no es una competición, pues hay muchas personas que nos ayudan y nosotros también contribuimos en la felicidad de los demás. Las personas que están a nuestro alrededor no son nuestros rivales, sino más bien nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo... Por eso hay que ser siempre generoso, pues compensa más ir haciendo bien, sembrando amor y tratando al prójimo mejor que a ti mismo. Eso nos hace más felices y más humanos.
Ya he dicho muchas veces que el éxito en la vida no tiene nada que ver con la acumulación de riquezas o bienes materiales, más bien consiste en saber disfrutar de los pequeños placeres y de los momentos hermosos que pasamos junto a otras personas, de las experiencias, de lo que vamos aprendiendo a lo largo de todo nuestro ciclo vital, de lo que aportamos a los demás o de los valores que nos transmiten otros seres humanos.
No hay que ir por la vida colgándose medallas y alardeando de los logros conseguidos, es bueno ser modesto, discreto y tener sencillez, pues siempre habrán personas que estén mejor o peor que nosotros. Ya lo dice el refrán: "Dime de que presumes y te diré de que careces".
Las cosas malas que nos pasan hay que saber entenderlas, saber extraer la lección positiva, pero no hay que hundirse, porque siempre habrá algo que nos motive, que nos ilusione y que nos haga olvidar los malos momentos. No hay que sentirse nunca un derrotado, ni un fracasado, pues el triunfo y la felicidad está más cerca de lo sencillo y de lo simple y eso está al alcance de todos. El batallón de los nacidos para perder, que decía la canción de Sabina, no existe. Las rupturas sentimentales, las enfermedades, la pérdida de un familiar, los bajones emocionales, las decepciones en el trabajo, los problemas económicos, etc. no nos deben hundir, sino hacer más fuertes y nos deben ayudar a valorar mejor lo que tenemos, que seguramente es mucho.
Pero yo entiendo que no hay que tomar la vida como una competición, pues aunque hay momentos desafortunados, tenemos que ser conscientes de que poder disfrutar de cada día, que siga latiendo nuestro corazón es algo mágico y precioso que debemos valorar y agradecer. Esperemos que las alegrías tengan siempre mayor peso que las tristezas y que no dejemos de tener sueños, metas e ilusiones.
Pero yo entiendo que no hay que tomar la vida como una competición, pues aunque hay momentos desafortunados, tenemos que ser conscientes de que poder disfrutar de cada día, que siga latiendo nuestro corazón es algo mágico y precioso que debemos valorar y agradecer. Esperemos que las alegrías tengan siempre mayor peso que las tristezas y que no dejemos de tener sueños, metas e ilusiones.
En la vida suele haber un cierto equilibrio, normalmente no nos va todo bien o todo mal, sino que ganamos en unas cosas y perdemos en otras. Y todas esas experiencias, positivas y negativas, nos aportan algo y nos hacen crecer como personas. Lo positivo hay que saber valorarlo y disfrutarlo, pues da sentido a la vida, y lo negativo hay que saber integrarlo para sacar una lección de todo ello. Cierto es que la vida no es una competición, no se trata de ganar nada o de ser el mejor, sino de tratar de hacer las cosas lo mejor que uno puede, aprender lo más posible y también ayudar a los que encontramos en el camino. De esa manera, la vida se enriquece, tanto la nuestra como la de los que nos rodean.
ResponderEliminarSilvia. Tú eres una de esas personas que desprenden alegría y optimismo. Me alegro mucho de haberte conocido, pues has iluminado mi vida y me has hecho ver todo de otra manera. Tus comentarios enriquecen mucho este blog y yo espero seguir contando con ellos y con todo lo que aportas cada día como persona y como pareja, pues ya sabes que te quiero mucho. ¡¡QUE LO SEPAS!! JM.
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